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24 de junio del 2002 |
Uruguay Contra el vacío
Ana Inés Larre Borges
Todo podría tener el final de Zorba el griego. Los postes pueden empezar a temblar y venirse abajo en un maravilloso desastre, pero pase lo que pase, como en la película, sus protagonistas van a terminar bailando. La comparación no busca traer malos presagios para el Encuentro de Escritores del Río de la Plata que inventaron y organizaron los jóvenes responsables de las revistas El Sur también insiste, Lapzus y Hermes criollo; sólo quiere señalar la ambición un poco loca de la empresa y la felicidad (también un poco loca) con la que la están llevando a cabo.
La cuenta ya es regresiva. El 2 de julio se inaugura con un homenaje a Onetti y cinco días después se cierra con un encuentro rioplatense sobre novela histórica con la participación de Tomás de Mattos, Mario Delgado Aparaín, Mercedes Rein y Andrés Rivera. Estaba prevista la venida de Juan Gelman, pero problemas familiares lo impidieron. La noticia fue un golpe, pero la aventura continúa. Abrir con Onetti y cerrar con Gelman era casi un manifiesto. Porque Lapzus y El Sur... tienen muchas diferencias en sus pasiones literarias, pero saben que coinciden al menos en dos cosas: en la necesidad de hacer y en la admiración por esos dos escritores. La falta de Gelman será compensada por una deliberada y urdida pluralidad que los llevó a invitar a una amplia gama de escritores, que incluye a varios argentinos. Ellos, en cambio, no están anunciados en ninguna de las actividades programadas. De la voluntad de hacer y debatir, del próximo encuentro, de afinidades y diferencias, y, sobre todo, de literatura, hablamos con Sergio Requel de El Sur... y Leandro Costas Plá de Lapzus. -¿Cómo surge la idea de hacer este encuentro de escritores? Sergio Requel.- Se trata de lanzar una ofensiva juntándonos las revistas que estamos en la vuelta para hacer algo que sea capaz de producir un efecto en el ambiente cultural uruguayo. Encuentros así no hay, no se hacen. Aquí lo poco que tenemos es la Feria del Libro, pero desde la visita de Saramago, y eso fue antes del Nobel, que no viene ningún escritor importante. Pensamos que también va a servir para que se sepa de la existencia de estas revistas que se hacen sin presupuesto, sin avisos y con las dificultades que todo eso significa, pero que están tratando de generar algo. -Lo esperable, lo que indica la historia de la literatura, es que las revistas de jóvenes tienden a rivalizar ¿Cómo se da el acercamiento entre sus revistas? Leandro Costas Plá.- En primer lugar no hay mercado, y es sabido que sin mercado no puede haber competencia. Segundo, son revistas muy diferentes, con objetivos y contenidos distintos, aunque las puede leer la misma gente. No salen periódicamente así que nadie está obligado a elegir entre una y otra. Matarnos sería muy tonto. Es mejor colaborar y unirnos. SR -Cuando nosotros sacamos El sur... fue porque sentimos que había un vacío, pero siempre pensamos que ese vacío se debía llenar con muchas cosas... Me interesaba saber qué otras revistas había, y así, por información del Bocha Benavides, supe de Lapzus y conocí a Leandro. Lo primero que hicimos, además de emborracharnos, fue promocionar cada uno la revista del otro. Nuestro primer encuentro fue y es la difusión. -Han dicho que tienen muchas diferencias y distintos gustos literarios ¿Cómo manejaron eso a la hora de organizar un encuentro de escritores? LCP-En lugar de contar todo lo que nos diferencia buscamos un acuerdo y ahí apareció Gelman. Aunque ahora no venga, que los dos le tuvierámos un gran respeto literario sirvió para arrancar. Después fuimos acordando. Si te fijás en el programa vas a ver que existe una gran pluralidad. Tiene un criterio atrás que quiso que los más representativos estén. -¿Y en qué consisten las diferencias estéticas entre ustedes? LCP -Tenemos gustos distintos, incluso creo que venimos de dos ramas distintas. Sergio está más cercano a la herencia de la generación del 45 y yo estoy ligado a una o dos generaciones más acá, con Milán, Appratto, Elías Uriarte... Además hay una diferencia en los géneros que preferimos. A Sergio le interesa más la narrativa y a mí la poesía. SR -También es verdad que cuando uno va a organizar un hecho de este tipo tiene que ir un poco más allá de los gustos personales. LCP -Si fuera por gusto propio solamente, en lugar de un encuentro yo haría apenas una reunión en la casa... SR -Y yo sólo un recital... Pero nosotros buscamos usar un criterio que no fue de apertura total sino de representatividad. Aunque se puede suscribir lo dicho por Saramago de que una opinión no es más que el gusto disfrazado de racionalidad, también es verdad que un escritor es una trayectoria, alguien es escritor desde el momento en que acepta el desafío de que va a recorrer en años la búsqueda del lenguaje. Entonces yo estoy en contra de esos recitales en los que se mezcla cualquier poeta con una Amanda Berenguer y que hace de la literatura algo indiscriminado, como si no importase... Eso es lo que yo creo y lo he pagado caro cuando he salido a reivindicar, no a la generación del 45, pero sí a determinados autores de esa generación o de la del 60. Considero a Idea Vilariño la poeta más grande que tenemos, considero a Onetti el mejor escritor uruguayo. De Benedetti pueden no gustarme un montón de cosas pero también digo que hay que escribir otras como las que él escribió. Puedo decir también que no todo lo de Hiber Conteris me gusta, o de Sylvia Lago o Circe Maia, pero hubo un proceso de discusión en esa generación que hoy, en los noventa, no tenemos... Y cuando se habla de literatura joven de los noventa, yo creo que se habla de lo que no existe. Existen tipos que escriben (mal) narrativa, con excepciones, a los que los toma un sello editorial con potencialidad de largarlos al mercado y ellos pasan a ser la exposición de la narrativa de los noventa con sus 25, 26 o 27 años... Y yo leo sus novelas y las encuentro pésimas, algunas de muy mal gusto y otras muy mal trabajadas literariamente. Es lo que hay, se dice. Pero me consta que hay un montón que esos grandes grupos editoriales no agarran. Entre los escritores jóvenes, los que más me gustan son Pablo Casacuberta y Henry Trujillo, que son muy diferentes, pero que al menos intentan distanciarse de esa serie de iconoclastas que no lo son por convicción sino por desconocimiento. Lo que nos falta es un gran debate sobre la literatura que queremos. Porque uno mira a los costados y, sin intentar ser grosero, se pregunta ¿quién está hoy? No está la generación del 45, no está la del 60... quién... Entonces tenemos a Mario Delgado, que a mí hay cosas que me gustan y otras que no. Su última novela no me gusta y, sin embargo, Alivio de luto me parece una de las mejores novelas que escritas en los noventa, un Tomás de Mattos, un Carlos Liscano... Y después se me va a nombrar un montón de escritores, pero yo digo... en treinta años ¿qué pasa? LCP -Yo no soy tan pesimista. Sergio mencionó dos nombres. Yo a Henry Trujillo sinceramente no lo leí, Pablo Casacuberta es un escritor que me gusta mucho. Si sumamos Tomás de Mattos, Mario Delgado y Liscano ya tenemos tres nombres más. ¿Había más antes o estaba más organizado? ¿O a todo esto lo irá organizando el tiempo? Están las generaciones, pero también esta banda de los neobarrocos, un poco invento de Echavarren, que le erró y puede tener su lado panfletario, pero también atinó en algunas cosas. Es casi una generación donde están Roberto Echavarren, Eduardo Milán, Elías Uriarte, Roberto Appratto... que creo son todos poetas respetables. Si uno va para abajo, hacia los más jóvenes, no es que no haya gente que escriba bien, pero es que si se hace un encuentro de todos los escritores, hay que jerarquizar. Hay otros nombres que personalmente me interesan como Tatiana Oroño o Aldo Mazzuchelli, o uno más joven como Ramiro Guzmán que escribe cosas muy buenas... Ahora, uno mira algunas editoriales que editan poesía con muy buenas intenciones pero que sumando todos los autores no se hace un libro con ellos. Hay un vacío salado, pero me pregunto, hace veinte años ¿era distinto? -Como inmediatamente pusiste el centro en la poesía, que es quizás el género más alejado del público, más desamparado de la crítica, más inédito, me gustaría saber cuál es tu visión y tu valoración de su situación. LCP -Para mí todo arranca en Julio Herrera y Reissig. Ahora, la discusión más fuerte fue contra la generación del 45... Es por ejemplo lo que hizo Appratto desde una revista como Poética, reivindicando a poetas como Medina Vidal, es decir a la poesía más digamos pura, más centrada en el lenguaje, en el significante. No hubo una respuesta por parte de la otra generación. Milán cuando escribía en Vuelta manifestaba una pasión en el mismo sentido. Ahora quizá perdió eso, pero entonces sí estaba radicalizado. Ahora, en cambio, no hay discusión, y tampoco reseñas de poesía. Entonces queda todo en las lecturas de poesía, en cafés, en tertulias... Eso de por sí no está mal, pero no alcanza. El problema no es que se lea en cafés, ni que lea todo el mundo, sino que eso sea la poesía de hoy, que no exista otra cosa. Así nada se jerarquiza, no hay puntos de referencia. También puede haber buenas sorpresas por esta falta de referencias, uno puede llegar desconfiado o prejuiciado al libro y encontrar que es muy muy bueno. Eso me pasó con Ramiro Guzmán. Pero no es lo frecuente. SR -Otro problema de fondo es que con la dictadura se produjo una fractura que no se ha asumido... Hay demasiada facilidad. Muchos ejercen una suerte de masturbación creadora, escriben ocho poemas al hilo en una noche y después los leen en un boliche. Falta esfuerzo y rigor, falta rescatar la opción del escritor que es escribir para sí mismo... Cuando Raviolo, el de Banda Oriental, salió a decir que la poesía se había convertido más en un espectáculo visual de veinte que se leen entre sí, tenía razón. -Ése puede ser el peligro de los géneros o las opciones que quedan fuera del sistema. ¿Existe el otro peligro, el de un mercado que pueda corromper la literatura? SR -¿Existió alguna vez un mercado? -Ahora hay algunos indicios: best-sellers nacionales, adelantos por novelas, antes inéditos en el medio... SR -Adelantos que los pagan empresas trasnacionales que tienen su oficina acá. Pero todo eso forma parte de otra discusión para saber quién tiene el poder de hacer ingresar escritores al mercado uruguayo. Y por lo general, son grupos económicos que tienen supermercados en Alemania o casas de zapatos y compran una editorial como parte del negocio. De ahí que la calidad que algunas muestran en sus catálogos sea tan diversa. Te podés encontrar con excelentes escritores y con otros mamarrachos inconcebibles de ser llamados literatura, aunque se vendan como eso. LCP -Hay cosas que yo por escrito discuto, oralmente no, porque sé que soy lento para hablar. Pero hay algo que, aunque merecería ser escrito, al menos se puede nombrar. En la escritura de los más jóvenes sí creo que se manifiesta algo que es el sinsentido. Eso yo lo veo como una falencia, porque un buen escritor por más loco que sea nunca escribe sin sentido. Tanto se le achacó a la poesía comprometida que se terminó en un alejamiento de la vida. La rebeldía de Rimbaud no venía de estar alejado de la vida, sino todo lo contrario. Ahora hay grupos que son como sectas, apartados del mundo, y eso es lo peor para un poeta. Lo más importante es el lenguaje, pero no podés perder la realidad. Por eso si yo veo que hay algo que está bien -como esta generación de Milán, de Appratto, Uriarte- no encuentro ningún sentido en oponerme. Quizás más que parricida a veces me siento fratricida. -Se dicen fratricidas pero igual pudieron juntarse para hacer el encuentro... LCP -Que tengamos ideas distintas no quiere decir que no podamos hablar... somos los dos de Peñarol... SR -Incluso podemos hablar con Jorge Morón que es de Progreso, y el editor de la revista Hermes Criollo, dirigida por Hebert Benítez Pezzolano, una apuesta distinta, más académica pero igual de importante. También hay un intento allí de generar algo a partir de la revista, pero aparece otra vez la ausencia de debate... Uno saca una revista y no hay respuesta, da la sensación de estar solo, en el vacío. -Es hora de contar cómo va a ser este encuentro de escritores rioplatenses... LCP -Arranca con un homenaje a Onetti el 2 de julio en el que además de los disertantes se va a exhibir el video menos conocido de todos, que es el realizado por Juan José Mugni y Jorge Ruffinelli. Eso será en la Linterna Mágica y después durante los otros días vamos a alternar las salas de la Intendencia. El Florencio Sánchez en el Cerro, la Sala Vaz Ferreira en la Biblioteca Nacional, entre otros locales. SR -En el Cerro vamos a hacer una mesa sobre la cultura de la resistencia, con escritores de acá y para la que esperamos la confirmación quizá del argentino Miguel Bonasso y que va a cerrar, si Dios quiere, Daniel Viglietti. -¿Qué otros temas proponen? SR -Hay mesas sobre poesía y también lecturas de poesía. Los poetas convocados son muchos. Muchos uruguayos residiendo en el exterior van a estar para el encuentro, como Milán, Ida Vitale, Enrique Fierro y Juan Carlos Plá. -¿Qué argentinos vienen? LCP -Tres narradores bastante jóvenes, María Fasce, Marcelo Birmajer y Leopoldo Brizuela. Viene Jorge Boccanera, que es poeta, y también Andrés Rivera, que va a cerrar el ciclo con una conferencia sobre novela histórica. RS -Conviene avisar a los lectores de BRECHA que para solventar parte de los gastos del encuentro hay algunos pocos actos que se cobran, pero por 100 pesos damos seis entradas para que se pueda ir acompañado a todos estos actos, más un ejemplar de cada una de las tres revistas. LCP -Todavía estamos listos para recibir comunicaciones, la agenda puede mejorar aún. Si alguien desea comunicarse con nosotros puede llamar a los teléfonos: 409 9990, 200 6893 o 487 4884 o por e-mail a Lapzus (lapzus @adinet. com.uy) o El Sur también insiste (elpozo @adinet.com.uy). |
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