Portada de La Insignia

30 de abril del 2008

enviar imprimir Navegación

 

 

Sociedad
Guatemala

El entretenido simulacro de opinar


Mario Roberto Morales
La Insignia. Guatemala, abril del 2008.


Entre la infinidad de simulacros que conforman la vida, el de la libertad de opinar es uno de los más socorridos. Los medios de comunicación suelen incluir apartados para que los lectores, escuchas o televidentes expresen el resultado de sus supuestos análisis acerca de las problemáticas que abordan los comunicadores profesionales. Y el torrente de opiniones se desborda porque medio mundo padece la ilusión de que posee un criterio personal capaz de solucionar los problemas humanos.

La ilusión de tener criterio propio y libertad para ejercerlo brota del simulacro de libertad de expresión que hacen posible las técnicas conductistas que, por medio de manipulaciones ideadas por mercadólogos y publicistas, guían las conductas de los consumidores de cultura light, según combos ideológicos de fácil digestión intelectual como el del neoliberalismo "libertario", el de la corrección política "de izquierda" y el combo híbrido de los "librepensadores" de derecha que, desde la miedosa comodidad del anonimato, saturan los apartados opinionistas que aparecen en las versiones electrónicas de algunos diarios.

Profiriendo ideas fragmentarias, inconexas, yuxtapuestas y escritas con la peor de las leches (y las ortografías), los opacos practicantes de este mariposeo intelectual descalificador atacan en manada y con argumentos ad hominem y gran variedad de sofismas a quienes señalan el criminal ridículo burgués, para lo cual blanden una prosa pobremente exhibicionista y una frustración delirante por no ser capaces de sostener una columna de opinión propia.

Estos opinionistas oficiosos suelen ser "todólogos": saben de todo; solucionistas: conocen el remedio de todos los males; y se caracterizan porque sus opiniones "originales" son uniformes y masificadas, de modo que si sabemos lo que opina uno, sabremos lo que opinan todos. Entre ellos no hay matices ni mucho menos contradicciones. Su denominador común es una básica ignorancia, una mediocridad rabiosa, una diletancia pedante, una impostura fallidamente distinguida y una agresiva temeridad amparada en la cobarde máscara del seudónimo.

Justo es subrayar que no todos los que opinan en estos foros han sucumbido al simulacro de la libertad de expresión y a la ilusión ligera del criterio propio. Es obvio que de vez en cuando aparecen opiniones certeras, útiles, asentadas sobre bases sólidas, críticas y radicales. Y son la excepción que valida la regla antes expuesta.

Así como la libertad de escoger entre una mercancía y otra es una flagrante mentira (porque esa escogencia está condicionada por la manipulación del mercadeo y la publicidad), la ilusión consumista de que se tiene criterio propio (y libre) se diluye sin remedio en el mentiroso simulacro mediático de la libertad de expresión, convirtiendo el ejercicio de esa ilusión en otro simulacro, porque en los medios masivos no existe diferencia alguna entre la "libertad" de optar por una opinión o por una mercancía u otra. Por eso, los simulacros intelectuales y las mentalidades light van siempre de la mano.

Opinar en un mundo dominado por la simulación y el consumismo, anuladores de la capacidad de pensar con libertad, es un derecho. Pero integrar bandas de opinionistas erráticos e irresponsables, anónimos y temerosos de asumir el debate de ideas es una estafa, pues esta conducta no pasa de ser otro simulacro: el de la valentía intelectual, el de la capacidad analítica, el del compromiso moral y el del ejercicio de la inteligencia.