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| 24 de enero del 2006 |
Luis Peraza Parga
Las comisiones de la verdad, de reconciliación, de justicia y de esclarecimiento histórico han funcionado en muchos países que querían comprender su pasado, conocer la verdad y reconciliar a un pueblo normalmente dividido desde el poder mediante la denominada guerra sucia. Se han establecido en El Salvador, Panamá, Argentina, Chile, Haití, Sudáfrica, la anntigua Yugoslavia, etc. La más exitosa y eficaz ha sido la de Sudáfrica; en otros muchos casos se llevaron a cabo simplemente para acallar conciencias, pero sin ningún resultado práctico. Las más recientes las encontramos en Sierra Leona, que abrió paso, con muchas dificultades y contradicciones entre ellas, al tribunal especial internacional que funciona desde casi cuatro años. En Marruecos, por su parte, la Comisión de Equidad y Reconciliación acaba de finalizar su informe final, también criticado por suponer un lavado de cara del régimen.
En algunos casos, estas comisiones de la verdad son un fin en sí mismas; denuncian las violaciones a los derechos humanos y al derecho internacional humanitario, y otorgan un espacio de reivindicación a las víctimas. En otros, sus hallazgos sirven de base para perseguir judicialmente, en el ámbito nacional, a los verdugos. En algunos, los menos, suponen la antesala de la creación de un tribunal internacional penal casi siempre con la intervención, en mayor o menor medida, de Naciones Unidas. Pero siempre deben servir para contar la historia real. En marzo del 2005, el Gobierno británico creó un "equipo de investigaciones históricas" para resolver, sin resolver, casi dos mil asesinatos producidos en la etapa más negra de la historia de Irlanda del Norte, que afectó también a la República de Irlanda y al mismo Londres con atentados sangrientos cotidianos. Cien detectives, cuarenta millones de euros y cuatro años son sus recursos, aunque las penas previstas implican que ninguno de los autores terminará en la cárcel. El Gobierno británico quiere contribuir al proceso de reconciliación entre las comunidades católica y protestante. Pero casi todas las familias del Ulster tuvieron algún miembro muerto en un conflicto que parece que ya ha pasado a la historia: esta investigación descafeinada, estrictamente policial, les puede parecer una burla ignominiosa. Esta investigación ni sirve para fundamentar recuerdos, ni memorias colectivas ni mucho menos para crear memorias históricas. Como dicen por ahí, los experimentos deben hacerse con gaseosa; y más si se está jugando con un drama continuado en el tiempo, sangriento y muy sensible. |
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