Portada Directorio Buscador Álbum Redacción Correo
La insignia
1 de septiembre del 2003


Países ricos, países pobres y libertal comercial


__Suplemento__
Cumbre de Cancún
Xavier Caño Tamayo
CCS.
España, septiembre del 2003.


Faltan pocos días para la reunión de la OMC sobre liberalización de comercio agrícola como plato fuerte de su orden del día. Preparando el evento, EEUU y la Unión Europea han suscrito hace medio mes un acuerdo de presunta liberalización comercial que no es más que una inconcreta y difusa promesa de reducir las subvenciones a la exportación agrícola. Sin ningún compromiso.

Para organizaciones como Intermón Oxfam (muy comprometida en desarrollo de países empobrecidos y lucha por un comercio justo), el pretendido acuerdo solo es un gesto que no resuelve nada. La UE y EEUU han pactado eliminar algunas ayudas a sus empresas agrícolas, pero sólo en ciertos sectores y sin concretar cantidades ni plazos de ejecución. Una sesión de maquillaje que no acabará con el comercio internacional injusto que fuerza a los países empobrecidos a vender por debajo del coste de producción y los arruina. En la anterior reunión de la OMC en Doha, se abogó por la eliminación de todos los subsidios a la exportación, pero Washington y Bruselas han hecho caso omiso de lo que se habló, "torpedeando los intereses de los países pobres", según Intermón Oxfam.

Quince países en desarrollo (o empobrecidos a los que se les impide salir de la pobreza) han propuesto eliminar todos los subsidios a la exportación y reducir las ayudas directas a los agricultores de los países ricos. El plan es progresivo y combina recortes drásticos con otros más suaves, pero se opone a la "flexibilidad" con la que los países enriquecidos quieren imponer derechos de aduana suplementarios a sus productos menos competitivos.

Esta cuestión de la presunta liberalización del comercio internacional ha puesto de acuerdo al Banco Mundial (BM), a los países empobrecidos y a las ONG: las prácticas de comercio mundial que imponen los países ricos son el principal obstáculo para el desarrollo y la eliminación de la pobreza de los países que antes se denominaban Tercer Mundo. Más allá de los eufemismos, la realidad es que los países ricos aplican cuantiosos derechos de aduana a productos agrícolas de los países pobres y dan dinero a fondo perdido a sus agricultores para que puedan vender más barato.

La falsa libertad de comercio (que patente de corso de países ricos contra países pobres) genera pobreza. Según cifras del propio Banco Mundial, el número de pobres ha aumentado en casi cien millones en 8 años, aunque la renta mundial haya aumentado un 2,5% anual en ese tiempo. Intermón Oxfam ha denunciado que las barreras comerciales que los países ricos levantan a los pobres para impedirles vender sus productos ascienden anualmente a más de 100.000 millones de dólares: más del doble de la ayuda para el desarrollo que esos países enriquecidos les conceden; las subvenciones directas a agricultores de países ricos suman más de 310.000 millones, según cálculos del BM.

La libertad de comercio es una de las falacias más hipócritas que las potencias económicas han utilizado a su conveniencia desde el siglo XIX; un eufemismo más, muy querido por el capitalismo, sobre todo en su actual versión neoliberal. Significa que yo puedo venderle al otro lo que me venga en gana (sin que pueda poner aranceles a mis productos), pero ha de aceptar sin chistar que yo le imponga a sus productos los derechos de aduana que me convengan. Recordemos que en 1840 y otra vez en 1856, la muy civilizada Inglaterra entró en guerra contra China en nombre de la libertad de comercio porque el Gobierno chino se atrevió a prohibir la venta de opio que los británicos introducían desde la vecina India: presunta libertad de comercio a cañonazos. Las formas han cambiado, pero el espíritu es el mismo. Esa presunta libertad comercial es una nueva y más refinada versión de dominación; un burdo proteccionismo colonial. El propio Marx señaló que, aunque no le gustaba la libertad de comercio, la prefería al proteccionismo cuando la libertad de comercio era auténtica.

Esa "libertad de comercio" se desprende del concepto de mercado al que hay que someter todo: política, cultura, derechos... porque según su inventor, Adam Smith, es bueno, productor de bienes y servicios, regulador sabio de la economía, juez inapelable y única autoridad económica verdadera. Y natural, tan natural como los alimentos industriales y envasados, según la publicidad. El doctor Grande Covián (merecedor del Nobel de nutrición y dietética de haber existido), refiriéndose a la falacia interesada de denominar 'natural' a esos productos alimenticios industriales, aclaraba que "natural sólo lo es la leche de la madre".

El mercado y la pretendida 'libertad comercial' que lo pone en práctica no son una "mano invisible" que todo lo regula, como pretendiera Adam Smith: constituyen un puño de hierro con nombres y apellidos (los de los que dirigen los cientos de empresas transnacionales que controlan la actividad económica mundial, los de financieros y especuladores y los de tantos políticos profesionales serviles). Los mismos nombres y apellidos que se oponen con todas su fuerzas a una libertad de comercio tangible y real.

Como a Marx, tampoco nos gusta entronizar la libertad de comercio como una panacea; hay principios más importantes, como poner a las personas por delante de los beneficios, pero si se aplicara de verdad, la suerte de los países empobrecidos sería otra.



Portada | Iberoamérica | Internacional | Derechos Humanos | Cultura | Ecología | Economía | Sociedad | Ciencia y tecnología | Directorio | Redacción | Proyecto